Se descubrió en Noruega en la primera
generación de unos malamutes importados
de Estados Unidos. Se caracteriza por una falta
de coordinación y una inestabilidad, que
comienza por el tren trasero. El perro al moverse
parece un conejo, dando pequeños impulsos
con las patas traseras. Caídas, intolerancia
al ejercicio, pérdida de masa muscular,
cambios en su voz debido a problemas en la laringe
y dificultad al tragar son otros síntomas.
Se establece de forma súbita entre los
6 meses y los 2 años, aunque hay pocos
datos. En algunos casos los síntomas se
suavizaron un poco, para volver a aparecer cuando
el perro era algo mayor.
Como la mayoría de las enfermedades hereditarias,
es del tipo simple recesivo, por lo que si aparece
un cachorro afectado, los padres son portadores.
El diagnóstico incluye biopsias de tejido
nervioso y muscular, electromiografía y
radiografías del esófago para ver
si está dilatado.
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